Slam: Poema a una vida nerd

Fotos por Lautaro Digestani

Decir que cosas buenas salen de internet es una formulación tan obvia que dan ganas de matarse. Sí, claro que sí. Internet es una nueva forma de vida. Como vida, es creador de pequeños universos, pequeños mundos, pequeñas personas todas escondidas o atrás de un millón de clicks o entre tres o cuatro. Pero lo que da náusea, vértigo y penetra hasta atrás de la nuca es el hecho de que están todos ahí , en un solo lugar. Más desesperante todavía, no alcanzan un millón de vidas mortales para recorrerlos.

Hasta que de repente un mundo de esos sale de ese lugar y se escapa a la realidad concreta. Un grupo de nerds que importó de Estados Unidos una vida en YouTube. Nerds que tienen un rey, nerds que hablan de nerdeadas con otros nerds que los entienden, nerds que pelean contra el mundo. Uno de esos mundos que se escapó de su soft-hogar son los NerdFighters.

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NerdFighters es una comunidad de personalidades cibernéticas que se hablan entre ellos vía videoblogs que suben a YouTube. Creación de John y Hank Green, dos hermanos que comenzaron con un proyecto llamado Proyect Brotherhood 2.0 en el cual se comunicaron por un año a través de videos que subían a Internet empezaron a atraer cada vez más gente hasta terminar en un séquito de seguidores que ahora los venera como dioses. Pero todo esto resultó ser más que gente que sube videos hablando a Internet. Ser un NerdFighter se transformó en una religión, en un arte que explota las técnicas de su presente volviéndose una entidad solo en conjunto con la computadora. Tienen su vocabulario propio, gestos propios, todo un sistema de comunicación propio. Para escucharlos y entenderlos hace falta experiencia, hacen falta horas en Internet. Esta comunidad propagada por Estados Unidos, se echó a nadar por los mares de la globalización y desembocó en Argentina. Acá, los nerds se juntaron y lograron hacer algo en favor de esta causa. Se apagaron computadoras, se enderezaron espaldas y se reunieron a postergar juntos y por un rato el culto a sus dioses de YouTube. Lo que salió de esta juntada fue poesía.

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Francisco Rivarola, estudiante de comunicación social, buscaba juntar gente interesada en formar un slam literario. Con el lema “Slam: una poesía diferente” era justamente eso lo que perseguía. Quería hacer saltar del papel a esa palabra que ya está en constante movimiento y para lograr esto Rivarola no sólo terminó por darle vida a la palabra, sino vida a sus amistades. En su búsqueda por crear este espacio, se contactó con amigos cuya relación estaba cimentada en códigos binarios: NerdFighters. Caras que eran un cuadrado en la pantalla se materializaron en carne, y voces que salían de auriculares ahora se reían a su lado. Así se encontró con varios amigos, entre ellos Clara Inés, Verónica Stewart y Francisco Lachavanne (dueño del lugar donde se hace el slam) con quienes organiza hasta el día de hoy los encuentros. Pero más allá de una relación cibernética, la “nerdfighterea”era creadora de su propio sistema de valores. ” Es una comunidad muy sana que valora el trabajo intelectual y la creatividad” cuenta Rivarola cuando habla de la relación entre ésta y la organización de los encuentros.

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El resultado de asistir a una de estas reuniones es el de patear, y con fuerza, todos los prejuicios por la ventana. En una entrevista Verónica admite que “la gente le tiene miedo a la poesía” y si buscaban crear un lugar para acabar con este miedo, lo lograron. La relación con la palabra ya no es unidireccional sino que los roles fueron invertidos de tal forma que tanto orador como público converge en la misma experiencia. La simultaneidad de una poesía dada y recibida da cuenta de en serio estar frente a una poesía diferente. Una de estas diferencias es el valor mismo que se la da a la palabra. Lo que se buscaba era una experiencia lo más pura posible donde el relato esté limpio de tintes teatrales o cómicos que lo lleven a confundir con un stand up. Era necesario librar a la palabra de ornamentaciones y crear un espacio para desnudarla.

El encuentro Nº 20 de este slam se festejó el día de la música hace ya bastante tiempo. Se leyeron veinte poemas de los cuales la gran mayoría pertenecían a miembros de la comunidad de nerdfighters. De todas formas, no todos de ellos tienen hogar en internet sino que son simples mortales fuera del universo YouTube que también van a leer y leerse un poco. Aún así, más de la mitad de los que suelen participar en este slam son amigos unidos por lazos cibernéticos. Pero a pesar de esto cuando empezaron a hablar todo expectativa de código “geek” desapareció. Los tópicos por los que rondaron las lecturas ya no estaban vinculados con esta comunidad que los unía, sino que era algo más.

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“Maldita tecnología y el avance de la globalización que me muestra todo aquello que quiero hacer y que no me va a alcanzar la vida para hacerlo”. Escuchar esto, este pesimismo tecnológico, te desestructura completamente. No era una juntada a hablar de nerdeadas, se estaban leyendo en serio. Cosas como que “somos todos hijos de una misma arma”, o incluso consejos que decían que “hagan caso a Artaud, que si no lo leyeron se los recomiendo bocha” eran palabras que eran dichas con fuerzas ya desde el principio. Aquí comenzó la verdadera esencia del slam. La poesía estaba emergiendo del papel en una forma nueva y diferente cargada de la energía de su lector. Cuando lector y autor son el mismo entonces se anulan, haciendo que el que lee se lea a sí mismo siendo uno más del público. Por razones como estas es que encontrarse con frases como “vivamos, vivamos fuerte hasta sentir que el aire no es aire” son dichas en un sentido de unidad en el que todos son partícipes. Otra de las lecturas que se sirvió de la tecnología abusadora de la intimidad y le dio de comer a algo mayor fue un poema hecho de una aplicación de Facebook que crea enunciados con todo lo que alguna vez el usuario escribió en su muro. El sorprendente resultado materializó aquellas palabras que se habían perdido en una nebulosa de información disipando así los límites entre tecnología y vida. Inclusive se pronunciaron dedicatorias de amor (amor que nació nerd) tan dulces como fuertes.

SI hace falta una noche para recorrer este nuevo lado de la poesía entonces ¿con qué excusa podemos hablar de una ciudad no abierta al arte? Este slam no es el único slam, existen cientos de encuentros literarios en la noche porteña donde la palabra toma millones de formas. Hay que salir a encontrarlos, salir en búsqueda de estos lugares para apoyar con un chasquido de dedos a un movimiento que está teniendo cada vez más voz. Para empezar con esto, el ejemplo que acabamos de darles es una imperdible chance de abrirse a una poesía “en su forma más pura”. El ser nerd ya no solo se escapó de su lugar en la lista de insultos, sino que es una forma de vida que se lleva con orgullo. Esto se viene dando hace ya bastante tiempo, era hora de que nos enteremos: ser nerd es un honor.

El próximo slam es el viernes 30 de mayo. Para más información pueden consultar aquí.

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