Teatro: Absentha, la amarga poesía de nuestra época

Absentha, obra de Alejandro Acobino, dirigida por Ana Sánchez, muestra (o, más bien, demuestra) los vaivenes de cuatro personajes arquetípicos y a la vez cargados de una intensidad que los singulariza por la maestría de los actores que les ponen el cuerpo. En una escolar aulita de centro cultural donde llevan a cabo un taller literario, cuando las voces infantiles ya no chocan contra las paredes.

Los personajes que participan de este taller (tres alumnos-los últimos tres-y un profesor cada vez más alcohólico) se definen ya desde el comienzo de la obra. Está Gaspar (Germán Rodríguez), el humanista. Una especie de Carlos Argentino Daneri incrustado en la rima y amasando los temas ideológicamente correctos del momento para hacerlos encastrar en su molde de poesía obsoleta (“de baño público”, le dirá el profesor); Mamu (Rodolfo Demarco), el juguetón de barrio, el de la poética común que pretende conmover con imágenes de la infancia (siempre de la infancia) dichas de forma casi ridícula con palabras no muy felices; Aitor, “El Vasco” (José Mehrez), el “vanguardista” post-vanguardista, el arquetipo del que aún piensa que lo posmoderno es innovador, un pseudo-Artaud desteñido obsesionado por que los fluidos aparezcan en su poesía, lo cual, finalmente, no puede sino provocar la carcajada; y, por último, Lato, el profesor (magistral interpretación de Fernando Migueles), jugando a ser la cabeza de esa caravana sin rumbo. Desganado y borracho se presenta a cada encuentro con un libro entre manos, del que comenta la contratapa y un par de páginas y al que siempre, sin excepción, defenestra.

El “taller” juega no solo con el patetismo de los poemas que esos tres personajes van leyendo, sino con todo lo que implica un taller literario como lugar decadente, como espacio en el que tres personajes tragicómicos leen sus poemas a un profesor al que, no se sabe bien por qué, admiran (sobre todo Carlos Argentino, por supuesto). Este profesor descuidadamente les propone una consigna, y les da una devolución que no termina de ser tal, sino que consiste en indicar un par de palabras al azar en los poemas, rápido, escupiéndolas y emanando olor a whisky y a desgano (“marcá Belén, marcá poeta-niño, marcá pus”). En realidad, las devoluciones propiamente dichas se las dan entre sí los tres alumnos, y eso es lo que revela un entramado de envidias y hostilidades que se va tejiendo, sin abandonar la comicidad, pero mutando cada vez más hacia la forma de un fruto amargo. Lo que los une, en un determinado momento de la obra, es el género “invectiva”, despotricar contra otro, insultar a los que están fuera de ese nido de puro fracaso que parece ser su taller literario: solo cuando se trata de agredir al otro los personajes parecen más que crear algo que sea evidentemente mejor en términos poéticos, percibir como positiva la creación del otro.

Están presentes todos los clichés de ese mundillo que son los talleres literarios, pero interpretados con una calidad y una teatralidad que no cae en ningún momento. Lo cómico no se desgasta porque está sostenido por un dramatismo que emerge de forma definitiva hacia el final (del cual, no os preocupéis, no hablaremos). La Absentha alimenta de alguna manera todos los lugares comunes que rodean el mundo de la poesía; es, lo sabemos, la bebida de los poetas malditos, y es interesante pensar en ese profesor que se pregunta qué efecto producirá ese elixir, que fluía por las venas de Baudelaire o de Rimbaud, en sus mediocres alumnos.

La puesta de la obra es también excelente. En ese espacio infantil se juega algo que nada tiene que ver con lo infantil, pero que por otro lado nos hace reír (vayan con ropa cómoda que les permita doblarse de la risa) como chicos. El tiempo está manejado de una forma que es en seguida captada por el espectador, que no necesita aclaraciones para entender el tiempo que ha pasado entre una escena y la otra.

Todo se conjuga para crear una obra maestra. Hay que ir a ver teatro, hay que sacarle el jugo a esta ciudad teatral que es Buenos Aires, y qué mejor que ese jugo sea una bebida espirituosa: absentha, ajenjo; en fin, un líquido verde y curioso que cambia de color y que recuerda, siempre, a la poesía.

Absentha está todos los viernes a las 23:30 hs. en el Teatro del Abasto (Humahuaca 3549).
Reservas: 4865-0014.

FICHA TÉCNICA

La Fronda presenta
Absentha de Alejandro Acobino

Actúan:
Rodolfo Demarco
José Mehrez
Fernando Migueles
Germán Rodríguez
Javier Piazza (actor invitado)
Pelos: Ale Granado
Diseño sonoro: Nico Diab
Diseño de Luces: Sergio Cucchiara
Vestuario y Escenografía: Pepe Uría
Asistencia de Dirección: Florencia Sacchi
Dirección: Ana Sánchez

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