Discos: Englillano, de Earzumba

Earzumba: Englillano
Independiente (2014)

Los primeros sonidos son como las pesadas palabras de un hipnotista, induciendo forzosamente a un sueño profundo. Se distinguen algunos timbres, se los trata de asociar con instrumentos o sonidos conocidos, pero pasan demasiado rápido y quedan atrás. Entonces se olvida qué se estaba pensando y aparece otro tipo de concentración, una especie de apremio, hacia ningún otro lugar que el inconsciente. Sin pausa, sin ningún tipo de melodía ni ritmo marcado, Englillano es el último disco de Earzumba. Siendo uno de sus trabajos más abstractos, su carácter ambiental lo destaca entre la incontable discografía del productor Christian Dergarabedian (como Earzumba tanto como Fred Lorca) y posiblemente lo convierta en su experimento más intrigante.

Por más que Englillano abuse de la repetición de loops eternos, lo hace de una manera más hipnótica que insistente o rítmica. Entonces puede que no haya un ritmo marcado pero si hay una rapidez y sí hay una insistencia en la aparición de más y más sonidos nuevos. Es como si el disco estuviese constantemente tratando de decir algo, una urgencia por recorrer velozmente una paleta sonora única. Aparecen cuerdas orientales, sonidos de autos, una orquesta inmensa de teclados, campanas de reloj; los límites entre música y ruido se desdibujan completamente. “Estudiando a little bit” introduce ladridos de perros que vuelven a aparecer cada vez con más sincronía con los bajos y cuerdas graves; “Todos estos years” tiene una especie de silbidos que poco a poco se van volviendo profundas respiraciones y se mezclan con la marea de teclados.

La estructura que desaparece en cada canción por separado, se entiende en Englillano desde un punto de vista más amplio. Como disco, parece estar lleno de leit motivs recurrentes y además tiene un increíble manejo de humor y clima. Tiene una introducción, un largo desarrollo, para “Probé psilocibina” entra en una oscuridad conflictiva, logra llegar a una resolución melancólica pero triunfante, para terminar no muy distinto de cómo empezó. Pero por más que tenga un final cíclico, se llega a una sensación de haber recorrido un camino largo, de haber experimentado un relato coherente y conciso.

Esto toma más sentido cuando se comienza a leer las palabras al rededor de las canciones. Englillano es una mejor alternativa que “spanglish” a la mezcla entre el castellano y el inglés. Earzumba usa este idioma para titular las 23 canciones (¿canciones?) y así ponerse al día con lo que le estuvo pasando estos últimos años. Pocas veces estos títulos tienen algo que ver con la música que representan (más allá del mal viaje de psilocibina) y por eso sirven más que nada para encontrar algún tipo de referencia en este recorrido sin paradas.

Una vez que se escucha más allá de los ruidos y la monotonía experimental de Englillano, se está enfrente de un trabajo inmenso. Ninguno de los sonidos es orgánico (en los créditos no figura ningún instrumento además de “sampler, vsts, mixing, maus”) y la tarea de despistar el reconocimiento de sonidos familiares es impecable. Buscando una experiencia casi meditativa, Earzumba logró crear desde el aire mismo una obra humana y cálida.

Se puede escuchar Englillano de Earzumba en bandcamp.

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