Discos: Providencia, de D.I.E.T.R.I.C.H.

D.I.E.T.R.I.C.H.: Providencia
Sadness Discos Group (2014)

RECOMENDADO BONSÁI

“De la misma forma que el hombre se encuentra con la naturaleza, eso significa el arte para el hombre” abría Wagner su ensayo “La obra de arte del futuro”, en 1849El compositor alemán continúa teorizando acerca de cómo aunque el arte haya comenzado con el hombre, el arte sobrevivirá incluso cuando el hombre no. La forma en la que Dietrich se acerca a ese ideal es de no creer. Especialmente considerando que, dejando de lado la larga anticipación detrás y el renombre que la banda ganó desde su comienzo, estamos hablando de su primer disco. Dietrich renace de todo esto en las siglas radiofónicas de D.I.E.T.R.I.C.H. y Providencia es el bautismo de una nueva banda que se bendice a sí misma de la manera más pura posible.

Dietrich responde al desafío de igualar su primer disco a la experiencia de sus legendarios recitales esquivando esta misma comparación. Providencia prioriza el jam rítmico largo por encima de momentos de repetición catártica y finales explosivos. En vez de empezar con una introducción, ir subiendo y llegar al cierre climático, los temas se extienden hacia ningún fin específico. Desechan un seguimiento lineal y se valora la experimentación por igual de distintos lugares y humores. El sonido se expande, busca, encuentra, vuelve a buscar; uno se vuelve testigo y partícipe de la mecánica y el verdadero funcionamiento detrás del sonido. Cada momento es el momento.

“Mondeo” funciona como introducción con una estructura tan pulida que pone a Dietrich más cerca de sonar como una orquesta que una banda. La manera en la que entran los teclados y la batería es única en su estilo, y el resto del tema mantiene esta puntualidad sin perder en ningún momento fluidez. En seguida en Paso de los Libres” vuelven a repetir el mismo sentimiento incluso con más gracia y una mayor sensibilidad detallista. “Panamericana”“Campeón Metropolitano” se destacan indudablemente por el trabajo rítmico, con instrumentos que resaltan en su timbre orgánico de manera casi tribal. Los golpes se vuelven gigantes, los bajos acompañan, las guitarras vuelan y la primera mitad del disco termina alcanzando una fuerza tan poderosa como inmediata.

En los créditos de la edición física del disco aparece un poema del escritor tucumano Mario Bravo. “El cedro” toca el tema de la inmortalidad de la obra con la metáfora de plantar un cedro y de cómo éste crecerá incluso cuándo quien lo planto ya haya muerto “Y pasaran los años y los años / Y “alguien” quizás repita en su recuerdo: / “Él con sus propios brazos cavó el pozo” / “Él con sus propias manos plantó El Cedro””. Así cierra un disco que tiene como concepto la inmortalidad del arte. Por más que el factor humano está presente, aparece para retratar la ambición del ser humano, “el triunfo del hombre común” al hacer una obra que exceda su posición de mortal, una pieza idealmente perfecta que sobreviva aún cuando su autor no. Hasta en la tapa tenemos al hombre alzando su obra más preciada, como presentándola a los cielos desde el agua del bautismo, un momento capturado para la eternidad. Es una temática que se vuelve palpable incluso en la música, en la olímpica “Seoul 1988” o justamente en “El triunfo del hombre común”.

La segunda mitad se tiñe de un sonido mucho más abstracto, empezando con “Zentraedi” que funciona tanto como un intervalo como un experimento de programación collage más minimalista. Si la primera media hora del disco parecía una celebración, ésta segunda parte toma un color mucho más misterioso y profundo. En todo el disco hay una presencia predominante de sintetizadores por sobre guitarras (a diferencia de los discos anteriores), pero llegando al final la diferencia tímbrica se va volviendo cada vez más difícil de discriminar. Los teclados están tan distorsionados como las cuerdas y todas las canciones suenan inmersas en un huracán de riffs incesantes.

Hay algunos casos en los que se vuelve a la antigua fórmula y es para que El último Martín Fierro” dé el cierre necesario al disco. Una dulce guitarra acústica  Termina y aparecen ruidos computarizados y samples de la Fórmula 1 del coda “La suma de todos los miedos”. Cuando los motores y los autos de carrera callan lo único que queda es el chirrido de los grillos. Ni aplausos, ovaciones, ni siquiera silencio de admiración. Como si uno se alejara de las construcciones de la civilización humana y el único acompañante es el silencio de la naturaleza. El mismo silencio que nunca conoció interrupción, el mismo que seguirá después de todo, hasta el posible infinito. Pero la impresión de haber escuchando una obra inmensa, con el peso de años de trabajo físico y emocional, persiste. Providencia difícilmente encuentre comparación con otros discos nacionales de los últimos años, y así Dietrich se aleja de cualquier otra “banda” similar y se acerca a la Providencia artística.

Se puede escuchar Providencia de Dietrich en bandcamp.

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