Opinión: 本rgentina

“¿No te diste cuenta? Japón queda acá a la vuelta.”
– Sara Hebe, “Los rastas de mi barrio”.

El fetiche de las ediciones japonesas no es ninguna novedad. Bonus tracks, box sets, material extra, lados b inéditos, todos términos inventados para motivar la compra de estas ediciones especiales. Desde los comienzos del cd, Japón siempre fue exportador de estos items de coleccionador melómano, objetos místicos decorados con caligrafía oriental y precio especial. Pero siempre eran discos de bandas internacionales, los grandes nombres del mainstream. No fue hasta estos últimos años en los que Argentina comenzó a exportar sus propios artistas. Músicos independientes que el mercado nacional masivo ignora, obtienen en Japón su propio trofeo en forma de cd y en las más hermosas ediciones. A través de investigar el caso de varios de estos músicos, buscamos encontrar una explicación que una toda esta música y que explique su llegada al público japonés. Entonces nos volvemos a hacer la misma pregunta ¿por qué Japón?

Las voces

La primer edición japonesa con la que nos encontramos fue la de El festival del beso, de Pablo Malaurie. Ya en las primeras canciones de este debut aparece una fuerte presencia oriental, tanto en el único timbre de voz como en los arpegios de cuna de banjo y ukulele. Los sonidos llegaron al oído del director de videos musicales Vincent Moon, quien viajó a principios de 2010 para filmar a Pablo cantando en las plazas de Buenos Aires e incluirlas en su Blogotheque. Las filmaciones llegaron a los ojos de Yusuke Nagai, dueño de una galería de arte, música y literatura en Shibuya, Tokyo llamada Vacant. Con la intención de llevarlo a tocar ahí, Nagai le pidió a Pablo que le enviara un par de ediciones de El festival del beso. “Me dijo que me quería llevar a tocar allá”, cuenta Pablo, “pero que antes tenía intenciones de editar El festival ahí en japón. Luego de cruzar unos cuantos mails lo que hicieron fue abrir un sello para editar el disco.” La edición original de El festival del beso fue hecha con cartones y pegamento, y la japonés mantiene de alguna manera este carácter casero. “Ellos hicieron un nuevo arte muy lindo, es un sobre lacrado con una serigrafía y adentro un libro que incluye las letras en inglés, español y japonés.” Así nace Low Vol Records, sale la edición de El festival del beso, y a los pocos meses el sello cierra.

Si seguimos investigando otros casos nos encontramos con artistas como Marina Fages y su debut solista Madera metal“Tuve la oportunidad de conocer su hermosa música a partir de nuestro artista Expe.” nos cuenta Nao Sugimoto, encargado de las ediciones argentinas en el sello Nature Bliss. “Él también es un músico increíble que había hecho dos giras por Sudamérica y nos presentó con la música de Marina.” Japón no es el único país interesado en Fages: actualmente se encuentra junto con Lucy Patané en su segunda gira por Europa desde la salida de su disco juntas, El poder oculto. Muchas de las canciones de ese disco están incluidas en la edición japonesa de Madera metal, junto con un algunas pinturas de Fages. “Decidimos hacer una edición especial del disco para tener una mejor manera de mostrar su talento”, explica Sugimoto.

Si bien la edición de estos discos parecen casos aislados con causas particulares, no es muy difícil encontrar una conexión. Tanto la música Malaurie como la de Fages está muy definida por su talento como guitarristas y, más importante, por el increíble poder de sus voces. Ambos artistas poseen un timbre muy distinguible y único, que los separa de cualquier otro cantautor nacional. “Siento que la música de Argentina tiene un sentimiento especial que los japoneses apreciamos en forma de melodías y un sentimiento como de saudade“, dice Sugimoto, y es algo muy difícil de contradecir. Ambos discos, Madera metal El festival del beso comparten intimidad con una melancolía a la vez liberadora. La producción se mantiene minimalista y deja que el sonido alcance un lugar contradictoriamente tan oscuro y misterioso como festivo.

Hay muchos otros cantautores que llegaron al público japonés, como Florencia Ruíz, Juana Molina, Alejandro Franov y Lulacruza, entre tantos. Si bien éstos otros artistas pueden no compartir los recursos que Malaurie o Fages, sí se destacan por su posición independiente del mercado masivo de su propio país. Franov, también en el sello Nature Bliss, ya es un artista consolidado en Japón, y hace tiempo que sus discos tienen mayor alcance en el público japonés que en el local. En las estanterías también se suma Ruíz, quien acaba de editar un compilado de su carrera para llevarse en una de sus tantas giras por Japón; y Lulacruza, la única “banda” dentro de este listado de músicos solistas.

Los músicos del aire

Existe otra raza de artistas que también consiguen en Japón un público ansioso por recibir su música. En su mayoría son pianistas de origen académico pero que se alejan del dogma compositivo para desprenderse en una búsqueda más profunda del sonido. Uno de los exponentes locales de este tipo es Ulises Conti. “Un amigo, no recuerdo quién ahora, me había recomendado su música y me encantó.” explica Yasuhiko Fukuzono del sello Flau. Si bien Conti siempre tuvo la oportunidad de recorrer el mundo con su música (muchos de sus discos fueron en producidos en países Europeos) fue con la salida del disco Los acantilados en 2012, a través del sello propio de Ulises, Metamúsica, que Flau comenzó a interesarse. Es justamente el disco de su discografía en la que la guitarra acústica tiene una presencia predominante. Ulises planeó una visita a Japón y, coincidiendo con el aniversario de una década de trabajo, Flau sacó Atlas, una compilación de su carrera. A diferencia de los otros sellos mencionados, Flau se distingue por distribuir sus discos mundialmente y no limitarse solamente al mercado japonés.

“Hay muchos artistas argentinos en Japón, mucha gente apasionada con lo que hace, pero siempre termina encasillada en el género ‘latino’ o ‘world music'”, explica Yasuhiko. “Nosotros estamos muy interesados en concientizar palabras como ‘electrónica’, ‘clásico moderno’ o ‘indie'”. Actualmente, Flau se encuentra en vísperas de la salida del último disco de Ulises Conti, Los Griegos creían que las estrellas eran pequeños agujeros por donde los dioses escuchaban a los hombres.

Junto con Conti, existe otro artista argentino que encontró en territorio extranjero un público mayor que en la Argentino. Es la historia de Federico Durand, quien la prensa prefiere definir más como un artista sonoro que como un músico. Desde la salida de su primer disco en 2010, La siesta del ciprés, a través del sello Spekk, Durand ha estado editando discos en Japón sin parar. Este mismo año ya tiene editado tres discos: El estanque esmeralda, inspirado en los lagos del sur; Saudades, junto con el músico Tomoyoshi Date; y Música para Manuel, dedicado a su abuelo. Sus trabajos están muy relacionados con grabaciones de campo y loops de cassette, los sonidos se vuelven largos y profundos respiros. Cada disco parece tomar la sensación de un momento específico, un sentimiento efímero, y expandirlo infinitamente para poder escucharlo con más atención. Los pianos caen lentamente sobre el oído y la música se vuelve una experiencia atemporal.

“Aprovechando la salida de mi disco solista El estanque esmeralda y de Saudades, realicé una gira de tres semanas en Tokyo, Kyoto, Kamakura y Kumano, junto a Tomoyoshi Date, Stephan Mathieu, Corey Fuller y Taylor Deupree.”, nos explica Federico. “A modo de souvenir edité Música para Manuel en cassette -una pequeña tirada de 50 copias a través de mi mini-sello de cassettes, Pudú- que se vendieron durante los conciertos en Japón. Es por eso que el caso de Federico Durand es muy distinto a los mencionados anteriormente. No estamos hablando de discos que salen en Argentina y tienen una edición especial en Japón, son discos que comienzan saliendo específicamente en Japón y que con suerte pueden llegar a conseguirse acá. Otros músicos experimentales como Fernando Kabusacki y Mono Fontana, también cuentan con una parte mayoritaria de su discografía editada exclusivamente en Japón.

En conclusión podemos separar los casos en dos. En el primero, artistas nacionales consiguen una difusión adicional en el extranjero. No hay una consecuencia negativa, los mismos músicos se benefician tanto como los intermediarios del mercado japonés, y el público local se mantiene intacto. Pero en el segundo caso, cuando los músicos encuentran mucho más interés en el público japonés que en el nacional y se produce una fuga de talento. No es algo que se le pueda culpar específicamente al público cuando el problema es la falta de uno, pero sí se puede señalar como responsables a los medios nacionales, tanto de difusión como de producción musical. Tal como expresa Conti en su poema “La ciudad portátil” (En Auckland ya es mañana, 2011): “Buenos Aires no deja de ser querido / pero lentamente empieza a convertirse en una isla del pasado […] / nadie demuestra tener mucho interés por lo que hago / no sé en el futuro, pero mi presente no parece estar ahí / voy a seguir de este lado intentando algo nuevo.”

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