Discos: Constante, de Diosque

Diosque: Constante
Quemasucabeza (2014)

RECOMENDADO BONSÁI

Cuando se piensa en el sonido que va a marcar una época, un tiempo y un espacio en la historia de la música, los pensamientos desvarían en ruidos futuristas, exceso de recursos electrónicos y otros delirios tecnológicos. Y si escuchamos varios de los discos ya tildados como adelantados para nuestra época, vamos a encontrar varias de estas características: sea tanto la marea samplera de Merriweather Post Pavilion, la intimidad electrónica de James Blake, o el mambo tribal de Chancha vía Circuito, por nombrar algunos referentes. Pero por más precursores que hayan sido, por más relevantes que se sientan todavía, estos sonidos no dejan de estar ligados a influencias pasadas, inspiraciones de décadas atrás. Sea tomando a los Beach Boys como base, canalizando a Al Green, o reversionando a José Larralde, el sonido del futuro está eternamente condicionado por el pasado.

Entra Diosque. Por más obsesionado que haya estado con la distorsión de programación o la saturación de micrófonos de computadoras, la razón de ser de Diosque estuvo siempre conectada con la canción, el folk romántico, el hit pop, con todas sus convenciones y sus inmortalidades. I can cion (2007) era un disco de experimentación exhaustiva contra estos límites, pero al fin y al cabo “hay canción”. Cuatro años después, Bote lo vio afianzarse incluso más con la cohesión de este lado pop, alcanzando su propia perfección. Aunque se había ganado el título de trovador electrónico por excelencia, no había dejado de ser un trovador. Entonces Constante decide que no tiene sentido seguir explotando ese camino y plantea una carrera alternativa. En su disco más ambicioso hasta la fecha, Diosque apuesta por una producción fuerte y se entrega nuevamente a la innovación.

El sonido es instantáneo y la búsqueda es evidente desde los primeros minutos. Hay una fuerte experimentación con el gen dance, manipulando cumbias mutantes y electrónica espacial. La influencia toma varias formas, beats, melodías, sintetizadores, pero el ritmo bailantero está ahí, palpitando como una inspiración primitiva. Entonces no solamente estamos hablando de un cantautor atemporal sino de un sonido que actualiza ritmos populares para llevarlos a otro tiempo y espacio. “Fuego” empieza el disco arrastrando a ritmo lento esta oleada de bajos y sintetizadores, pero es “Una naranja” la primera en hacer el efecto. Fue el primer anticipo del disco y puede tranquilamente resumir ésta búsqueda sonora en su momento más eficaz y acertado.

Durante la mayor parte de Constante, Diosque se debate entre ser un cantautor inmortal, aprovechar “la eternidad mientras viva” y ponerse el requisito de “si hablo debo ser eterno”, como explicita en “Una naranja”. Aparecen más alusiones en temas como “Quise minutos (de la eternidad)” y “Arriba” donde justamente se pide al que “quiere venir, venga conmigo, arriba”. La lírica también encuentra su lado más abstracto y metafísico, cantando sobre “la imagen satelital de la nada” o cómo “se traspapelan sueño y realidad”, en un grado mucho más poético que Bote. Muchas de estas veces se siente que a la letra le cuesta acomodarse entre las melodías, consecuencia que él admite en “Fuego” (“hablo de más, canto de menos”), pero son solamente momentos intercalados con otros de mayor convicción y composiciones bien pulidas. Al fin y al cabo, Constante se la pasa experimentando con apretar tantos botones a la vez que es imposible errar algunos, pero cuando acierta lo hace como ningún otro.

El aporte de Jean Deon como productor es incalculable y seguramente sirva que varios medios le quiten la etiqueta lo-fi a Diosque. Constante como producción rebalsa de texturas híbridas, el sonido ataca desde los cuatro vientos y no hay género conocido que lo defina. “El típico secreto” “Soy la seis” son ejemplos perfectos para analizar esto teniendo en cuenta que son canciones sueltas que habían aparecido hace un tiempo en compilados veraniegos y soundcloud. De las dos, “Soy la seis” es la que más dista de la tranquila versión acústica, ahora resucitada en una oda a la mañana con solo de teclado cumbiero y un final más que triunfante. Marcos Orellana de Onda Vaga y Michael Mike es también una presencia muy fuerte en la producción, especialmente en “Broncedado”, otro de los puntos más altos del disco. Sí, es una canción electrónica en una época en la que abundan, pero Diosque es rápido en tirar la posta: “a veces no importa quién lo dice primero / sino quién lo dice mejor”.

Llegando al final, Constante concluye en un humor mucho menos hiperactivo y en un lugar más introspectivo. Por más que la producción se llene de efectos y teclados, lo hace lentamente y de manera sutil, dejando que la criolla tome el primer protagonismo para después terminar fuerte. En “El típico secreto” Diosque se identifica como “un bicho de culto” y en “Río” como un “río que no sabe ser río”. No es la primera vez que lo escuchamos ser tan duro consigo mismo y este final sirve para mostrarnos a Diosque todavía no del todo satisfecho. Incluso siendo su esfuerzo más fuerte hasta hoy, Constante es una búsqueda insistente por encontrar firmeza. Y así cómo aparece escrito su nombre en el arte de tapa, esperamos que esa búsqueda sea infinita.

Se puede escuchar Constante de Diosque en soundcloud.

2 pensamientos en “Discos: Constante, de Diosque

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