El Mató: Las 10 mejores canciones

Continuando en vísperas de la semana de El Mató, preparamos una lista con sus diez mejores canciones. Les pedimos ayuda a varios fanáticos y colaboradores para armar una selección y un orden que promedie lo mejor de la banda, lo que la hace una voz inmortal, sus más fuertes virtudes y sus perfectos momentos síntesis compositivo.

Queremos agradecer en la selección de estas diez canciones a Hernán Panessi, Valeria Lugosi, Lucía Ferro, Nicolás Girasol, Federico José Güiraldes, Facundo Gari, Eric Olsen, Facundo Enrique Soler, Rodrigo Piedra, Fradi, Nahuel Ugazio, Nicolás Miranda, Natalia Motorizada, Augusto Dallachiesa, Juan Ernesto Rodríguez, Nahuel Gómez, Ignacio Ayerza y Nahuel Lag. Sin ellos esta lista estaría vacía de contenido y carente de amor por El Mató.

 

10: El fuego que hemos construido (La Dinastía Scorpio, 2012)

Así como “Mas o menos bien” es un himno generacional, “El fuego que hemos construido” es una obra de arte en todos los sentidos. Apelando a la belleza minimalista, el menos es más, la letra cuenta las cosas simples que más nos gustan: “quiero mirarte, mirarte y que me mires”. ¿El amor no es eso? ¿El mirarse y sentirse lleno? Son siete minutos cuarenta y un segundos de una declaración de amor solemnemente sincera, con miedo: “cuántas noches me despierto y pienso en el tiempo perdido”. El ritmo persistente crea un clima perfecto, que sube y baja en la montaña rusa de los sentimientos, ya sea cuando te agarras del carrito por miedo e intuición, o cuando decidís levantar los brazos en el punto más alto para dejarte caer. Está canción es la locura adolescente, el olor a verano, los besos robados, los amores que parecen un corto i-Sat, con la intensidad de tropezar y darsela en la jeta mientras miras el cielo con una sonrisa. – Valeria Lugosi

 

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9: Rock espacial (El mató a un policía motorizado, 2004)

Sucesos extraordinarios pasan a diario y no nos damos cuenta, pero dicen que uno siempre se acuerda de la primera vez de algo. ¿Y quién puede olvidar la primera vez que vio a El Mató en vivo? En mi caso, fui sin conocerlos: era en Villa María, provincia de Córdoba, presentaban su disco homónimo. El sonido seguro no era el mejor y entendía poco y nada de lo que estaba viendo. Pero sí recuerdo que en “Rock espacial” tuvo lugar el suceso extraordinario de ese día: anotar el nombre de la canción en una nota del teléfono. Así empezó todo para mí. – Rodrigo Piedra

 

8: Chica rutera (Un millón de euros, 2006)

Me acuerdo de haber escuchado por primera vez “Chica rutera” por un amigo que me dijo: ”Esto es amor y es heroico”, y le dio play. Y si, más allá de todo lo que se les pueda escribir a los chicos de El Mató sobre géneros, sonidos, estilos, y referencias, ellos son el héroe sufriente, ese que se tropieza y levanta siempre, que si cerrás los ojos, lo ves luchando contra un viento en contra que va a 200 km por hora.

Es que adentro de esta canción se encuentra la esperanza de ese héroe sufrido, y se lo vive en cada recital como un momento de comunión, como un mantra que se desangra en entre el escenario y el público. Un público que si lo miramos bien, se pone al borde de las lágrimas para gritar esos dos versos junto a sus saltos interminables, como en un estado de frenesí emocional que nace de los más arcaicos de nuestros sentimientos. – Ignacio Ayerza

 

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7: Chica de oro (La Dinastía Scorpio, 2012)

En la larga lista de canciones personales escritas por Santiago Motorizado, “Chica de oro” es una de las declaraciones emocionales más explícitas de El Mató. Esté hablando sobre un trofeo o sobre el amor de Forrest Gump, Jenny es un profundo ideal amoroso. Uno que no se contenta con sueños y fantasías, sino que es una figura a la que se le hace promesas y uno se compromete en cumplirlas. “Chica de oro” es Motorizado en su momento más vulnerable, y El Mató en su momento más fuerte. – Eric Olsen

 

6: Dos galaxias (Mujeres bellas y fuertes, 2012)

Santiago Motorizado es, entre muchas otras cosas, un poeta romántico de esta generación. “Dos galaxias” es la balada más sincera y simple que jamás haya escuchado. Pintada con dos acordes, Santi canta desde el corazón y no tiene ningún problema en demostrarle al mundo su costado sensible y además engancharlo con una referencia a Star Wars, para darle un toque más nostálgico. Si en los años 60 y 70 los artistas tenían la costumbre de disfrazar sus sentimientos con frases más rebuscadas y términos un poco alejados de la cotidianeidad, este tema viene a romper con el romanticismo arcaico para vomitar una verdad más realista y cercana, con la que cualquier chico de la era 2.0 puede indentificarse. – Lucía Ferro

 

5: El día del huracán (Día de los muertos, 2008)

“El día del huracán” ya no es una canción. Se volvió un grito de guerra, un grito de cancha, un grito de pasión. Se corea con la misma emoción sobre pelos rubios y sobre muertos conocidos; las palabras salen con una especie de delicadeza y romanticismo, pero la mirada se mantiene desafiante, preparada para chocar cuernos contra el invisible mal. Santiago Motorizado canta tanto con inocencia como con dejadez, como si estuviera en un limbo entre la nostalgia de despedirse de la Tierra y la emoción de irse un buen tiempo de viaje. La batería toma ritmo, las guitarras asoman, y el resultado es aplastante. – Eric Olsen

 

4: Amigo piedra (Un millón de euros, 2006)

“Sos mucho mejor que los demás / todo el día pensando / pensando / Vos soñás con un barrio mejor / Y te quedaste mirando la nada”. Con apenas un par de estrofas y un estribillo punzante, “Amigo piedra” resume la épica barrial. La historia del que quiere, no puede, pero lo intenta. Y lo loco es que, en medio de la desazón por quedarse mirando “la nada”, lo mejor está en lo que tenemos alrededor: el amigo piedra, el que en la jerga popular “banca todas las paradas”, es el que sostiene, estoico, cualquier embate emocional. El que -paradójicamente, como la misma piedra- siempre está ahí. Inalterable, inamovible.

De fondo, el pulso mecánico de la batería marca el paso para relatar la historia. En algún momento, esos golpes secos -que duelen- se desintegran en un desorden de guitarras, anticipando el “armagedón” que vendrá más tarde y será liberación (“El día del huracán”, Día de los muertos, 2008). Por eso, en “Amigo piedra”, el bajón y la tristeza de no poder se transforman en un nuevo poder vital, con la amistad como único motivo valedero para seguir existiendo. – Augusto Dallachiesa

 

3: Guitarra comunista (El mató a un policía motorizado, 2004)

Una canción que no solo tiene vida propia, sino que también es un claro resumen de aquel primer El Mató, y del que vendría después también. Una letra precisa, sincera y directa. La voz en primera persona nos cuenta una situación personal, pero cada uno de nosotros lo puede interpretar como una experiencia propia. ¿Quién no sintió la impotencia y el pesimismo de “Sábado”?, la nostalgia presente de “Nuestro verano” o el hecho de no podernos sacar a alguien de la cabeza como en “Escupime”. Es que si hubo algo que atrajo de El Mató con su primer disco, fue ese sentido de la identificación. Los hermosos perdedores, diría Luca Prodan hace unos años, los verdaderos ganadores diría Bestia Bebé más adelante.

Las guitarras con su rasposa distorsión, el ritmo casi kraut juguetón de la batería y el vernos reflejados en sus letras, no solo como semejantes o amigos sino también como hermanos, solo pueden dejar lugar a la emoción, encontramos un lugarcito en el mundo. Ahí es cuando nos sentimos parte de algo, ahí es cuando nos dejamos llevar, ahí es cuando nos empezamos a quedar afónicos, ahí es cuando algo se nos pasa por la cabeza, ahí es cuando sonreímos, ahí es cuando viene la piel de gallina. – Nahuel Ugazio

 

2: Más o menos bien (La Dinastía Scorpio, 2012)

Puedo contar en una mano la cantidad de veces que escuché Más o menos bien sin sentir un escalofrío, un cosquilleo en la panza, el pianto del mítico lagrimón o, en el más extremo de los casos, sollozo desenfrenado seguido del consecuente moqueo. Desobedeciendo el pedido inicial de la primera estrofa, recurrí a esta canción en más de una noche de llanto y le debo mucho más de lo que unos párrafos adulatorios le podrían devolver. Esta no es sólo una de las mejores canciones de El Mató, sino probablemente una de las mejores canciones que produjo cualquier banda local de nuestra generación.

En lo personal, El Mató nunca me pareció una banda que se destacase en lo musical. Tanto los arreglos como la ejecución de los temas están realizados con tanta prolijidad, aprovechando una paleta de recursos económica prestada de lo mejor del indie anglo noventoso ya lejísimos de la vanguardia y están apoyados en estructuras tan establecidas, que rara vez llaman atención a si mismos. Así cumplen la función de ser vehículos perfectos para trasladar y enfatizar las letras de Santi Motorizado. Pero en “Más o menos bien” los familiares recursos “elmatonianos”; el riff levemente distorsionado pero infinitamente silvable, el bajo propulsante y el beat insistente, trabajan en perfecta conjunción para darle un colchón donde apoliyarse a la agotada voz del cantante. Sin rebuscarse ni usando palabras grandes, este logra abarcar en sólo dos versos una breve pero punzante reflexión sobre el poder de la amistad, las inevitables complicaciones de las relaciones, el amor paternal que a veces olvidamos de apreciar y sentimos sofocante, sobre lo difícil de encontrar lo esencial cuando las preocupaciones terrenales todavía colman nuestras cabezas; es una reflexión sobre la juventud, despiadadamente honesta e increíblemente acertada.

El estribillo que vive entre estos versos es el que termina de rematar al tema. Son cinco sílabas cantadas a todo pulmón que condensan la que debe ser epifanía más grande que trae el fin de la adolescencia -la concienciación tan melancólica como liberadora de que al fin y al cabo la mayoría de lo que nos pasa o hacemos es insignificante y que casi nada es tan permanente como parece- y la puesta en perspectiva consiguiente de que aunque hayan días que la vida te sonría y otras que te cachetee, la mayoría del tiempo todo va a estar más o menos bien.

Es un mensaje universal pero para nada genérico, atemporal pero jamás irrelevante, triste a la vez que es eufórico, y está dirigido a los queridos, a los desconocidos y entre líneas se entiende que probablemente a la banda misma. Es un abrazo en forma de canción, la realización perfecta de una banda a la que oír muchas veces se siente como juntarse con los más viejos de los amigos. – Federico José Güiraldes

 

1: Mi próximo movimiento (Día de los muertos, 2008)

¿Cómo hace una canción sobre rifles, apocalipsis y muertos vivientes, para volverse uno de los himnos más imponentes de una banda platense? A tal punto de en menos de dos años obtener el estatus de “clásico”, de ser un punto de referencia y un hit tan celebrado.

Para empezar a responder esto tal vez habría que olvidarse por un momento de la innovación compositiva que impulsó El Mató, de las técnicas minimalistas o el intenso uso de repetición, y dejarse envolver por la simple pero poderosa energía de una canción. Con una de las letras menos personales o identificantes, hay poco que pueda explicar qué es lo que hace que “Mi próximo movimiento” sea una canción tan gigante. Y El Mató la presenta con ese mismo signo de pregunta: arrancando con la intimidad de una acústica, podemos escuchar la idea cruda, grabada en un cuarto cualquiera en un lugar cualquiera. Pero la música se va de las manos, la batería y las guitarras inyectan electrifican esos acordes, y no hay nada más que se pueda hacer. Como muchas otras virtudes de la banda, el por qué es un misterio.

Siempre pensé en “Mi próximo movimiento” como un pieza infinita en el repertorio de El Mató. Por un lado, es la primer canción que mucha gente conoce, la alarma para ese fanatismo que una vez que despierta nunca más se duerme. Al mismo tiempo, es uno de los cierres favoritos de la banda, la coronación final de todas esas noches de euforia y emoción. Así simboliza la primera y la última palabra de su identidad y existencia, interpreta la presentación y la conclusión de un sonido inmenso. – Eric Olsen

 

Los dibujos fueron recortados de flyers, posters, tapas de discos y otras artes.
Todos son propiedad de El Mató a un Policía Motorizado.

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