Discos: Estela, de Mi Nave

Mi Nave: Estela
Polvo Bureau (2014)

Con el caudal de música emergente que fluyó desde el interior del país este año, Rosario fue uno de sus principales exponentes. El independiente local se vio invadido por un torrente de bandas lejanas a la capital, con un entendimiento y una discusión musical que corría en paralelo con los hegemónicos géneros porteños y platenses. Este choque de estilos es tan complejo que un discurso fluido entre ambas partes resulta más disparejo que pluralista. Pero desde la cuna de la bandera llegó Mi Nave para tratar de cerrar esa brecha, encontrando un sonido que media lo mejor de ambos lados y resulta en un segundo disco poderoso, Estela.

Por un lado tenemos el sonido de una banda muy fuerte, respaldado por una producción más potente todavía que impulsa cada progresión a alcanzar el estatus de himno rockero. “Remera de Dios” abre Estela con la cabeza en alto, demostrando la capacidad de Mi Nave por reconocer su estilo sin dejarse encasillarse por él. Es también un muy buen ejemplo de la profundad de la producción (en manos de la propia banda), uno de los principales atributos que separan a Estela de su anterior, Brillante (2012).

Detrás de este libre espíritu rockero hay una importante sensibilidad pop, muy coherente con el contexto Rosarino de la banda. Por más que sea parte de su gen nativo, tampoco es algo que la define íntegramente, o ni siquiera resalta en las primeras escuchas del disco. Pero sí está presente en la manera en la que Mi Nave se acerca a cada canción, en la forma en la que se encara cada melodía y estructura vocal. Es también algo que termina influyendo en el lado más duro del sonido, dándole un color más nostálgico al tono de las guitarras, agregando emoción hasta a los momentos más furiosos.

La gran mayoría de las canciones parecen estar en una carrera por explotar, por llegar ese punto climático de guitarras y baterías chocando en unísono. Incluso en los momentos más tranquilos se percibe una ansiedad por volver a esa explosión, cómo todo se mueve para anticipar la catarsis. Si bien esto presenta a Mi Nave como una banda fuerte, en el Estela se siente como un uso exhaustivo de emoción y energía que le quita suspenso a cada canción y al disco en sí. Muchos de los estallidos de ruido y distorsión se comen el protagonismo de la canción, dejando que las letras sostengan un papel menos que secundario. La lírica se mantiene tan críptica y breve como en Brillante, capturando pequeñas sensaciones de una época dorada donde los feriados puente son milagrosos y las fiestas no tienen fin. El problema está en que las melodías de Estela no rozan la el trabajo ni la intensidad de su predecesor, hacen sentir al trabajo vocal como una excusa para llegar al final explosivo.

Justamente las canciones que esquivan esta precocidad, como “Palmeras” o “Matt Damon”, son los puntos más altos del disco. También es verdad que ese homenaje al soldado Ryan no le debe su éxito solamente a su estructura paciente, sino al sorpresivo cuarteto de vientos que da el cierre. Es un desprendimiento del sonido rockero que Estela venía amasando y también simboliza a Mi Nave desprendiéndose del formato banda para darle a sus ideales creativos la más alta prioridad. Es un signo de que Mi Nave es una banda sin egos, incluso cuando compiten contra sus propias ideas.

Se puede escuchar Estela de Mi Nave en bandcamp.

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