Discos: La calma, de Césped

Césped: La calma
Independiente (2014)

Los filósofos estoicos creían que se podía alcanzar la libertad y la tranquilidad distanciándose de las comodidades materiales y entregándose a la virtud y la razón. La calma, el último disco de Césped encuentra a la banda siguiendo esta doctrina helenística aunque bajo sus propios términos: no se alejan del materialismo pero sí de las comodidades, y se entregan a la virtud pero no a la razón. Para la banda porteña, la calma llega justamente en esos momentos que esquivan lo esperado, en los que escapan las categorías de género y estilos y en los que se entregan a la fusión de sus mejores virtudes. Césped encuentra tranquilidad en la intranquilidad ajena.

No por nada La calma recién puede empezar una vez que “El caso está cerrado”. Con esta apertura es que Césped se distancia de los comienzos llenos de largas zapadas y cuelgues psicodélicos, con un single hecho y derecho. Para los que siguen de cerca el camino de la banda, que el disco abra con una canción tan directa, de melodías redondas y rasguidos inofensivos es una decisión hasta shockeante. Pero es así como Césped declara que este nuevo disco, su segundo LP, no es una sucesión lógica de lo que venían haciendo.

Lo que sigue es Césped probando esta cara y muchas otras, animándose a menos y a más, pero siempre despertando un sentimiento específico y explotándolo sin llegar al cansancio. Canciones como “El lobo” o “Piedras” demuestran el filo de la banda para ejecutar riffs y ritmos insistentes con precisión, alcanzando los momentos de más alta energía. Sin embargo la oscuridad reina gran parte de La calma, auspiciando un aura de guitarras metálicas y voces desérticas sobre “1984” y “Espejos en la luna”. En este descampado desértico, pop y rock son las dos caras de una misma moneda, y el valor de ella es el mismo caiga del lado que caiga.

El trabajo compositivo aplicado a las letras no pinta un terreno menos desolador. Polvo inútil, navidad berreta, ciudad errante, todas estas pinceladas están cargadas con tanta acidez como liberación, como si Césped encontrara descargarse en cada crítica. La producción también hace un gran y cohesivo trabajo durante todo La calma, ensuciando la distorsión y profundizando donde haga falta. Sin embargo, el hecho que las voces hayan quedado tan por encima de todo en la mezcla final genera un efecto contradictorio, hasta anticlimático, que ni siquiera el reverb y la personalidad vocal de los tres cantantes pueden salvar. Puede sonar como un detalle técnico pero es algo que afecta la dirección del sonido y los posiciona como una banda más confortable de la que en realidad es.

Por más que el horizonte descrito parezca uno caótico e incierto, la tarea de Césped en La calma no podría llamarse realmente experimental. Al fin y al cabo la banda está trabajando con lo que tiene y siempre tuvo, y la gracia fundamental del disco está en la furiosa ejecución y presentación final. Por más que se pueda criticar este último trabajo por su apego a los formatos de composición tradicionales, es el perfeccionamiento del sonido propio de la banda el que finalmente alcanzó su ideal. Después de tanto andar, Césped encontró la calma: será porque encontró su sonido.

Se puede escuchar La calma de Césped en bandcamp.

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