Cobertura: Morbo y Mambo en Niceto Club

Fotos por Belén Callara

Por un tiempo largo, Niceto Club se mantuvo en silencio y oscuridad. No se veían las caras del público e, incluso cuando se abrió el telón, tampoco se vieron las caras de la banda. Entre los aplausos se escuchó un beat latiendo, un bajo entrecortado, un sintetizador creciendo. Todo comenzaba a tomar forma: las luces se iban enfocando y algunas primeras figuras se podían ver. Morbo y Mambo se estaba despertando, las siluetas de siete instrumentos se imponían en primer plano. Abajo, los oídos se mantenían alertas, la mente se despejaba, y el cuerpo se relajaba; los sentidos comenzaban su elongación.

Empezó, empezó de una vez, empezó con toda. A bajo zigzagueante y guitarras eólicas, “Cara de combi” dio inicio a esta noche, pisando firme y segura como nunca. La batería golpeaba ajustada, los tambores redoblaban el ritmo, y la primera reacción instintiva era moverse, saltar, bailar. Pero ese es solamente uno de los tantos fuertes que Morbo y Mambo aprendió a entrenar después de tantos y tantos recitales. Fue cuando los vientos entraron, cuando el jam repetitivo se volvió canción, que explotó un caudal de emociones. Con esa progresión melódica, que en el ojo del analista puede parecer tan simple, en el corazón del oyente tiene un inexplicable efecto de desarme y calidez. “Cara de combi” es posiblemente la canción más hermosa que la banda compuso en su breve discografía, ejecutando en el blanco todas las virtudes conocidas que la banda había desarrollado hasta el momento y mucho más. Sí, en su esencia puede parecer una canción bailable, un jam para improvisar; pero su tema principal habla de melodías gloriosas, de acordes épicos, y de una sensibilidad compositiva sumamente profunda. Así Morbo y Mambo salió al escenario a dejarlo todo en los primeros minutos, y los hits explosivos de “Chori ‘95” y “4-4-2” siguieron inmediatamente para mantener el cuerpo arriba y la mente en las nubes.

La noche estuvo dedicada a presentar el segundo disco de la banda, y si Boa es trabajo que resalta la poligamia de géneros y estilos que conviven en Morbo y Mambo, la presentación no hubiera estado completa sin momentos de híbrida experimentación y sobresaltos inciertos. Esas fueron las sensaciones suscitadas por “Taguzaz” y “Popoyo”. Los teclados tomaron la delantera, desplazándose lentamente por un árido mar de psicodelia, y el trance estuvo completo. Fue el momento en el que Morbo y Mambo aprovechó para demostrar la capacidad paisajista que se esconde en la psicodelia de su sonido. Mientras las guitarras se mantenían en un ida y vuelta tropical, la trompeta contaba sobre historias y leyendas antiguas, mitos del viejo oriente. El baile se volvió más lento por un momento, y la música apaciguaba el ritmo con melodías lentas, bajos calmos y un efecto envolvente. Si en medio de la hirviente sed de movimiento o del profundo trance psicodélico, había tiempo para una pregunta, ésta era: ¿qué es Morbo y Mambo? ¿Cuál es el sonido de una banda que vive esquivando categorías? Un sonido que toma de todos los estilos y géneros conocidos para crear una identidad dinámica, una cara que siempre está un paso delante de la que se cree conocer. En ese mismo momento las luces apuntaron a iluminar todo Niceto, y por primera vez se vieron las caras del escenario, la pluralidad viva de la nave colectiva que es Morbo y Mambo. Por más que Morbo y Mambo parezca enfocarse solamente en la mezcla y la fusión, todo se une para formar una unidad, una esencia que se mantiene constante detrás de toda la experimentación. La innovación, la sorpresa, fueron principios dominantes durante toda la noche, y el sonido estaba listo para ser doblado, retrucado y convertido cuantas veces sea necesario. La segunda mitad de la noche volvió a levantar el ritmo con un repaso al dente de las canciones de ese primer disco homónimo, hoy un clásico. “Fung Wah”, “Blanco Nigeria”, “Kerosenne”, eran todas recibidas entre gritos y aplausos, y la banda, más relajada, se enfocaba en agitar y subir el calor.

El punto más alto de la noche llegaba con estas interpretaciones fieles, sin mucha reversión ni improvisación, como queriendo capturar esa efectividad natural en directo. Esta técnica también sirvió para que Morbo y Mambo demuestre que, por más que exista una diferencia abismal entre estos temas y los nuevos, la misma química de la banda es una sola, y en vivo es donde esto brilla por sobre todas las cosas. La furiosa “R. Funke” y la electrónica “Junior” preparaban el final, retomando Boa desde donde había quedado. Por más que estaban tocando el disco entero, la noche generaba una sensación de estar escuchando una selección concisa, con lo mejor y más fuerte de Morbo y Mambo. Tal vez fue el orden compilatorio de la lista de temas, o simplemente que el recital es el formato predilecto para que ese sonido logre resaltar sus mejores momentos. Puede ser que el título de la noche haya sido la presentación oficial de Boa, pero Morbo y Mambo presentó más que un disco. Presentó la culminación de un largo recorrido, de largas jornadas de estudio, de muchos cambios de integrantes, de nuevas perspectivas musicales y una evolución constante. Para cerrar su mejor año, Morbo y Mambo presentó un disco, un sonido, una experiencia.

Más fotos de la cobertura fotográfica en nuestro álbum de facebook.

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